¿Somos lo que comemos?
¿Somos lo que comemos?
Parece que hay un extraño placer en repetir frases que suenan en el ambiente para expresar conceptos que sabemos que no funcionan, nunca funcionaron y jamás funcionarán.
Ojala fuera tan sencillo, cuando te falta calcio, tomas calcio y resuelto. Pero, ¿sucede esto alguna vez así de simple?
Todos sabemos que no; entonces, porque repetir frases que nos confunden, nos hacen sufrir, por la imposibilidad de obtener los resultados esperados después de un esfuerzo que no tiene recompensa.
¿Cuantas dietas hemos hecho, con escaso o nulo resultado?. ¿Cuantas dietas han tenido una respuesta contraria a la esperada?
¿Por qué nos empeñamos en repetir la frasecita sabiendo que no es cierta?
La realidad es que somos lo que absorbemos de lo que comemos. Mejor dicho:
Somos lo que procesamos de lo que comemos.
Hay si los dietistas pudieran comprender esto y no vendernos la dieta de … las mil calorías, la mediterránea, la de la alcachofa, la del sirope, la del grupo sanguíneo o las últimas que nos proponga el último marketing de mercado.
¿Por qué no nos atrevemos a decir que cada persona es un mundo y que no funciona como ninguna otra del planeta?
Para describir el ego y la identidad lo entendemos, pero para cuestiones que realmente son importantes como la salud, dejamos estas preguntas en manos de conceptos globales que terminan haciéndonos daño, e impidiendo cuando menos conseguir resultados.
Deberíamos saber que todos procesamos diferente las cosas; lo que para unos puede que sea normal, para otros es imposible. Lo que a unos nos sienta bien, a otros fatal. Lo que les gusta a estos, repele a aquellos. Lo que es un manjar de pobres termina siendo exclusivo de ricos, etc.
La globalización y la información, hace que escuelas de nutricionistas se repartan un mercado que aflora ávido de conseguir resultados por necesidad, enfermedad o adicción.
Es tanta la necesidad que técnicas simples hacen el agosto con las personas que las buscan, porque han perdido el instinto de comer, de nutrirse.
La medicina china explica muy bien como cuando el estómago se llena, se dilata, se pone yinn, sigue pidiendo energía para intentar equilibrarse y contraerse, es decir ponerse yang.
La Macrobiótica dice cosas que nos pasa cotidianamente: cuando comes mucho yang, como el pescado, la carne, etc. El cuerpo te va a pedir algo yinn, un dulce o un postrecito, para … asentar la comida. Claro después un café, que excita el páncreas, una copita para estimular la … conversación en la sobremesa, y un cigarrito, para … tener algo que llevarse a la boca, ya que no entra otra cosa.
Hemos perdido el alerta. No sabemos que comer. Comemos igual en verano que en invierno. Y de las fiestas ni hablemos.
Mi amigo Antonio me sorprende enseñándome como su perro come de todo, menos … de ese jamón buenísimo que viene embasado al vació en finas lonchas. ¿Qué tendrá el jamón? O mejor dicho: ¿qué alerta he perdido para saber lo que sabe el perro?.
Una de las cosas que más encuentro en las consultas es la adicción al dulce. Sorprendente cuando después de los demás síntomas que me cuentan, hago ver que no es adicción, sino hongos en el organismo que piden azúcar.
Un simple cambio de palabras: no es adicción al dulce con el viejo juego de premio castigo que nos han enseñado desde pequeños que existe (nos lo enseñamos unos a otros, será esa extraña afición a la psicología de calle); son hongos, y no puedes hacer nada con el viejo sistema.
Cada cuerpo es diferente, hay que ver como procesa, si tiene limitación en algún sentido: desde amalgamas en boca que convierten la saliva (primera parte de la digestión) en … otra cosa, hasta esa cicatriz de apéndice que aprieta los tejidos del intestino desde que se produjo.
No procesamos los mismos alimentos de igual manera, por lo que es conveniente ver uno por uno los que nos dan estrés y los que les tenemos intolerancia, que suelen coincidir con los que más comemos (saturación) o los que les tenemos adicción (por algo será).
Es curioso ver como nos gusta un chocolate, o un cigarro, pero no uno cualquiera no, ese determinado que cuando pensamos en él ya el cuerpo se prepara para buscarlo. ¿Qué tendrá? Pues muy fácil, el aditivo o la proteína que nos sienta mal, está claro.
¿Como podríamos saber que alimentos nos sientan mal?
Esta es una buena pregunta … para un antiterapeuta. La respuesta es que se deben testar todos los productos que solemos ingerir para comprobar el resultado en el propio cuerpo del paciente.
Cuando un test muestre un estrés con un producto, el cuerpo nos está diciendo … que NO.
¿Este alimento es no de por vida?
La respuesta de nuevo viene de la pregunta original. Somos lo que procesamos de lo que comemos. Quiere decirse que una vez que mantengamos una carencia de ese tipo de producto durante un tiempo, y que hagamos lo posible por corregir la información que muestra el cuerpo cada vez que testamos, puede que el cuerpo pueda procesarlo de nuevo pasado algún tiempo, después de haberle ayudado un poco desde luego.
¿Cuándo sabemos que lo puedo volver a tomar?
Muy simple, cuando el test correspondiente no muestre estrés.
¿Se nota cuando algo no es bueno o el cuerpo no puede procesarlo?
Cuando estás muy tóxico no notas nada, es decir, vives como te conoces, o como diría un antiterapeuta, te sucedes cotidianamente en tu mapa.
Pero ¿qué pasa cuando dejas de tomarlo unos días haciendo una dieta limpia de cosas que no te dan estrés y vuelves a tomar algo de lo que tu cuerpo señala como estrés?
Ocurre que vuelves a sucederte como te conocías antes: gases, pesadez, somnolencia, deseo de azúcar, cansancio, irritabilidad, problemas de dormir, etc.
¿Entiendes el verbo sucederse?
La realidad es que buscamos todas estas cosas para sucedernos como nos conocemos, para mantener nuestro mapa conocido, y hacer una dieta correcta nos permite “sucedernos diferente”.
Por poner un ejemplo podíamos pensar en esos días de vacaciones, donde el ruido habitual de nuestras vidas baja a esos niveles que llamamos “relajación”. En medio de esas vacaciones, puede que te des cuenta de lo “bien que te encuentras”, pero, justo el día que vuelves te das cuenta de la cruda realidad, te vuelves a suceder…
Si tienes suerte habrás aprendido cosas en los días de vacaciones que repetirás, con lo que tu vida cotidiana puede cambiar en gran medida, puedes “cambiar el mapa” y “sucederte diferente”, puesto que con otra relajación del cuerpo los resultados de tus acciones son diferentes a como los hacías cuando estabas tenso.
Y si tienes suerte y estás tiempo de vacaciones suficiente para saber como mantener tu nuevo estado de relajación, pues … premio.
Lo mismo sucede con la comida. Cuando observes como te sienta cada alimento que tomas y puedes aprender a comer con lo que no te da estrés, poco a poco vas a ir incluyendo en tu dieta más alimentos que el cuerpo puede procesar, evitando los que no. Resultado … premio.
Somos lo que procesamos de lo que … vivimos.
Jose Luis Godoy Muelas
Antiterapeuta.
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